04/01/2009

Mar maduro


Mar maduro
Para Mar

La noche color zafiro sin duda consternaba más a las personas de lo que se hubiese podido imaginar. La cabeza de la diosa vaca sobrevuela encima de nosotros exponiéndonos mil colores psicodélicos, mil imágenes que se alocan con la música. Pareciese que estuviéramos comiendo hongos en una discoteca hindú, pero no. La realidad es que este domingo nueve todo lo ha cambiado. El color de los zapatos se difumina con el piso, el cuaderno de matemáticas empieza a derretirse sin razón aparente mientras desde el balcón del edificio puede notarse como una manada de osos de gomita gigantes causan estragos con su dulce, muy dulce y adorable figura.
Las flores de capacho se reproducen sin parar sobre los automóviles aparcados en la acera, las baterías alcalinas AA emanan un olor a ciruelas pasas que ahuyenta a los zancudos y atrae a las abuelitas. Los copos de nieve que caen en este verano de 38 grados no son diferentes entre sí, todos poseen una minúscula virgen María sobre su gélida superficie que solo puede verse si has perdido el poco catolicismo que te quedaba en el transcurso de la semana. Aparentemente la fe no hace milagros, a excepción de la cabeza vacuna claro está.
No existe control remoto que pueda controlar el ruido ensordecedor de unas maracas desafinadas a las siete de la mañana. Y pensar que hay siete mariachis esperándote en la puerta de tu casa junto a un novio borracho con rosas marchitas en su mano izquierda logra que se te quiten las ganas de pararte de la cama. Cinco minutos más por favor. Entre las mañanitas que cantaba el rey David y el olor a huevos quemados para el desayuno todo el abecedario en portugués que se había tatuado en tu hemisferio derecho desaparece más rápido de lo que te tardas en decir supercalifragilisticoespialidoso al derecho y al revés, una dos y tres.
Pero, sigamos por favor con las personas consternadas en el domingo que por inercia debería ser normal. Bueno, normal según ellos, porque para mí (y posiblemente para ti también) ver personas con cabezas de móai quedándose atascadas en las puertas del metro es cosa del día a día. Al igual que las cachapas con queso telita de diez centímetros de ancho que por más que comas nunca logras acabarla.
Los estudiantes ahora poseen cola de perro. Es imposible ocultar algún sentimiento, pues su nueva extremidad los delata enseguida. Las farmacias se van desinflando poco a poco, los tenedores poseen doce dientes, San Marino empieza la tercera guerra mundial contra el Tíbet y la mosca se declara especie en peligro de extinción.
En Europa los duraznos súbitamente cobran vida y se imponen como la especie dominante del viejo continente. Su piel aterciopelada seduce a todas las mujeres, pero su mal carácter obliga a los hombres a construir molinos de viento. Todos sabemos que aquellas frutas que poseen una semilla del tamaño de un tercio de su cuerpo dentro de ellas tienen un claro fetiche con el Quijote.
Algunas palabras han cambiado. Por ejemplo, en vez de decir “Buenos días” ahora se dice “Taaaarattatatatabbbbbutttttereres”; y si quieres pedir una taza de café con leche la manera más sencilla de hacerlo es diciendo “Bababababloooooooooperestetetefuiyyyuuuuasrarararas con leche” (acuérdate que ahora la letra A debes mantenerla pronunciada alrededor de tres segundos).
El mar ya maduro después de muchos años de secarse al sol ha decidido apropiarse de un par de tenazas y un aguijón para defenderse de los turistas gringos que vienen a sacarle fotos. Este es su domingo y desea pasarlo tranquilo leyendo, viviendo, oliendo, mordiendo a Tzara mientras se toma una caipiriña.

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