18/04/2009

Merengue en Berna


Merengue en Berna

José Ignacio siempre quiso viajar a la costa. Soñaba con el mar, sus olas infinitas, las gaviotas que circundan el atardecer, la espesa arena entre los dedos de los pies y un olor eterno a mariscos. Claro, el no sabía nada de esto, pero gracias a la gran cantidad de revistas turísticas que almacenaba su madre bajo la cama podía instruirse con el mundo añorado. La vida en la montaña no era mala, pero sí increíblemente aburrida. Todos los días las mismas cabras, las mismas papas para el almuerzo, los mismos pinos, las mismas montañas, el mismo sonido hueco de que no hay movimiento. No entendía cómo alguien como él había nacido en Suiza, o mucho menos cómo su familia dominicana se había instalado en un país sin mar. Un lugar sin merengue, sin bachata, sin sazón, peloteros y playa. José Ignacio lloraba aferrado a un traje de baño sin estrenar soñando con el día en que podría llenarlo de agua salada.
Estaba cansado de que el cuarto lunes del noviembre fuese el mercado de cebollas en su natal Berna, estaba cansado de la estúpida cruz en todas partes y además de vivir en suma tranquilidad toda su existencia. No lo pensaría dos veces en cambiar las cebollas por jureles, la cruz por guantes de beisbol y la pasividad eterna por un par de asaltos a mano armada. Quería emociones, olores, vivencias y sensaciones que ese país no podía brindarle. Sentía que lo único que servía en él era su nombre, que gracias a dios, lo heredó como tradición familiar en los primogénitos varones. De lo contrario su madre le hubiese puesto un nombre como Hans o Pietr. Necesitaba manifestar su sangre latina de alguna manera, emborracharse bebiendo licores de caña de azúcar, tatuarse a Juan Pablo Duarte en el pecho, gastar sus pesos en tabaco, comer carne con arroz y granos en el almuerzo y celebrar el Carnaval con toda la euforia de sus veinticuatro años.
Quizás la razón más importante por la que añoraba el mar eran las mujeres. Se masturbaba pensando en esas morenas de cinturas perfectas y culos enormes que menean todo con un merengue bien sabroso. Quería tener sexo con todas las dominicanas, chupar todas esas tetas de pezones oscuros, revolcarse desnudos sobre la arena, sentir esas nalgas entre sus manos. Las suizas no brindaban para él ninguna fantasía, y era frustrante. Había tenido relaciones sexuales con un par de ellas, “sexo con un rábano” según sus palabras. Prefiere complacerse pensando en mujeres de color bronce hasta el momento en que sus fantasías se manifesten físicamente en las orillas de Puerto Plata.

El abuso del administrador en Semana Santa.



El abuso del administrador en Semana Santa.

Con influencias y en honor a Camilo

Una fuerte crisis económica afecta al mundo. Los niños prefieren cosas más eróticas y violentas, es una erotización precoz que puede llevarlos al fracaso. Me mentiste, esto es basura para mí. Todos gastamos tiempo, energías y dinero. Por sus ojos ¿Cuándo? Aparecieron los ojos de ella con menos miedo. Escrita y dirigida por Randall Wallace. La mujer entra al baño de cortinas rosadas y no encuentra nada. ¿Qué les parece si nos vamos al campamento de tenis este verano? Ahora Rosmery quiere hacerse amiga de la comeflor. El pez vela tiene un poder de destrucción mayor que una daga. Haciéndole un intento de inseminación artificial por que la trompa estaba sana. De repente dices que no me sirve de nada este punto. ¡Y Judas tuvo remordimientos! USA president Barack Obama… Pero el verdadero peligro es ahogarse. Domando a la biblia, hoy: apocalipsis. En Lima hay una temperatura de 30 grados y se espera un día completamente despejado. Uno es una parte del país. El niño usa un gorro, el niño corre. El aguacate debe ser escachapado con un tenedor, no licuado. Con esta cantidad quedarás provisto hasta navidad. Con todo lo que puede representar la muerte de un hijo. Deseo mantener tu secreto, de verdad. Hola, lamento llegar tarde, mi despertador no sonó. Pero más allá de las particularidades. Lo mejor de todas las pistas del mundo. A continuación: naked Wild on. ¿Qué diablos haces en éste autobús? Puede tener sexo, ayúdame con esto. Zapatillas blancas, calcetines blancos, camisetas blancas. Buenas noches, bienvenidos a “American Idol”. Pueden vivir sus sueños en otro lugar que no sea el océano Índico. La ley respetando la virtud y honor. Empiezo a preocuparme porque el Sevilla no ha generado ninguna situación de peligro por los momentos. Lanza la bola muchacho. Dice que debía cuidar el cilindro. Un interesante retrato de la sociedad bohemia. Aquí las chicas son malas y coloridas. Usando su cabello para limpiarse los pies. Forma de vida alienígena que debe ser destruida. Willie hace negocios en Mason City. Las rociamos con azúcar granulada para que les dé el toque crujiente cuando salgan. ¿Eres un ángel o estoy soñando? Mi padre lo pasó muy mal cuando se enteró de mi enfermedad. Recuerdo que tenía el pelo muy largo y suave. Paga setenta mil fichas y lo que tiene es un par de sietes. Fueron detenidos y llevados a juicio. Si dejaras de pensar en comida verías que hay un dinosaurio detrás de las vacas. ¡Atrás valquirias! Tenemos que seguir las gotas de pintura. Y le dije al taxista: use desodorante. I´m just keeping it real. Construida sobre una planicie rodeada por acantilados. Yo aquí, tú allá. Pasión. Pero otros son sólo ridículos. Lo sabía, no eres humana. Lo encontramos al final de la avenida principal. Técnicas para grabas tu propio video tripleX… Usted está disfrutando de su guía de programación. ..


05/04/2009

Faltan quince pa las doce


Faltan quince pa las doce

- Buenas tardes señor, ¿Tendrá un baticinturón a buen precio?
- ¿Cinturones? No vale, aquí solo vendemos quesos.
- ¿Para hacerles crinejas?
- O para pasearlos, o para tenerlos bajo tu almohada, o para que te den buena suerte. El punto es que sólo hay quesos. Entonces ¿Vas a querer uno?
- Bueno, dame una mozzarella.
- No tenemos.
- ¿Gruyer?
- Tampoco.
- ¿Entonces?
- Tenemos guayanés.
- Bueno, dame uno chiquito.
- Con la compra de un guayanesito te llevas un lazo.
- Pero quiero que mi queso sea niño.
- Las sociedades modernas necesitan más niñas camarada, niñas con carácter, forma y sazón ¿Entonces de qué color era el lacito?
- Se llamará pimpón, por ende, uno verde.
- Sólo hay amarillos.
- Bueno, entonces amarillos.
- ¿Viste el partido del Barcelona?
- No, no veo mucho fútbol.
- Yo tampoco, desde que salí de Guantánamo y me engrapé el estómago nada de cosas fuertes.
- ¿Estuvo preso?
- Estoy, quince años de casado.
- ¡Vaya! Felicidades señor.
- Llámame Francisco.
- Está bien, felicidades entonces ¿Cómo se llama la señora?
- Señorita, señorita.
- Disculpe Francisco.
- Bah, llámame Pancho.
- Conocí una vez a un Pancho, un oso lo atacó en el bosque, más nunca se supo nada de él. A veces, a medianoche, puedes escuchar sus aullidos.
- Los osos no aúllan, esos son los lobos. A menos que tengan hipo.
- ¿El oso o el lobo?
- Nunca le he visto el chiste a esas bicicletas de enamorados que tienen dos asientos. Ni a las arepas sin rellenar.
- Es que a veces las mujeres con pelo rosado no deberían ir a los muelles a pescar. Sólo logran que piquen bagres.
- Mi pene perdió su gloriosidad en 1993, gracias a una acupuntura mal aplicada. Nunca te hagas acupuntura con un puertorriqueño, nunca.
- A mí me salió bigote cuando tenía catorce años. Catorce ¿Puedes creerlo? Parecía un mexicanito. Ahí descubrí la magia de la hojilla de afeitar.
- Una vez comí un pavo relleno de Doritos. Y brindamos con Fanta…ah…fue el mejor verano que nadie hubiese podido desear.
- Bueno, ya se me hace tarde Pancho, ¿Me das mi guayanesita?
- Con toda y lazo, pero no sea tan confianzudo, dígame señor.
- Lo siento, pase buenas tardes y cuidado con el machete de José Gregorio.
- No se preocupe, yo no le tengo miedo a santos.

04/04/2009

IGUANA BANANA


IGUANA BANANA

Lucero se despierta después de un sueño agitado. En éste, una iguana enorme la perseguía con la boca abierta, y por más que corría siempre la alcanzaba. Se escondía en los árboles, la iguana trepaba; nadaba por el río, la iguana buceaba. Cuando se cansó de huir el enorme reptil se acercó a su rostro y le lamió la frente. Fue en ése momento cuando abrió los ojos y se dio cuenta para su alivio de que todo había quedado ahogado entre las almohadas.
Sin muchos ánimos de ponerse en pie opta por encender el televisor. Canal Gourmet. El felicísimo chef está enseñando como hacer un Cous Cous con pollo al curry y verduras.
Chef: esta receta está diseñada exclusivamente para satisfacer las necesidades gastronómicas de dos comensales.
Para ello necesitarán:
300gr de pechuga de pollo picada en cuadritos (cuadritos, no cubitos)
2 vasos de Cous Cous (sustituible por bulgur o arroz ya cocinado)
1 zanahoria picada en forma de jota (la letra, J)
1 puñado de champiñones (no pocos, un puñado)
1 calabacín (del tamaño de un botín)
Caldo de verduras (se puede comprar ya preparado)
1 poco de curry (poco, no un puñado)
Aceite (preferiblemente que no sea ajonjolí)
El Cous Cous con pollo al curry y verduras es un plato que te hará viajar con la imaginación y el paladar. Preparación simple, rápida y sana con un resultado increíble! El curry le da un toque especial que…
Lucero apaga la pantalla. La cabeza del chef se va haciendo chiquita hasta desaparecer en un destello que recuerda a cuando uno mira para arriba y un platillo volador te abduce. No lo mismo, pero parecido, la misma sensación en los bolsillos.
Ahora tiene hambre, en su casa sólo hay cambures, doce para ser exactos, no todos iguales, dos titiaros y el resto topochos, éstos no están lo suficientemente maduros. Lucero odia los cambures, todavía no recuerda cómo han llegado a su casa, si alguien (que obviamente no la conocía ni un poquito) se los ha regalado o si un mago con trenzas sueltas los ha sacado del centro de su espesa barba. El hecho es que esa fruta fálica y caribeña peronotanchiclécomosuamigalapiña está en su casa, posando frente a ella y nadie la masticará para desaparecerla.
Decidida a poner fin a su ridícula despertada Lucero se viste. Busca unas pantaletas limpias, un sostén que combine con sus zapatos, se coloca perfume con olor a palma y se saca las cejas. Lanza los cambures por la ventana, la alarma del carro que ha sido bombardeado empieza a sonar con fuerzas.Consigue la llave del apartamento, abre la puerta, y cuando coloca un pie fuera de casa una enorme lengua le limpia la frente. Preferiría seguir durmiendo

Cangrejos.


Cangrejos.

El niño camina por el sendero de tierra, no levanta la mirada del piso.
El sol del mediodía, la escasez de nubes y el exceso de polvo rojizo adornan la escena. El silencio es taladrado por los pájaros carpinteros, luego hay silencio otra vez hasta que los pájaros vuelven y así sucesivamente mientras el niño se adentra en el bosque.
Los árboles no tienen casi hojas, las ardillas buscan pareja para aparearse, las gotas de sudor se almacenan en las cejas. De la corteza de un pino cercano chorrea ámbar. El niño admira como una mosca es devorada por el espeso líquido hasta quedar petrificada. Tras arrancarla y guardarla en el bolsillo, sigue su camino.
Nuestro personaje anda vestido con una braga roja, una camisa manga larga de rayas amarillas y zapatos del mismo color. Nunca lloró cuando la mamá de Bambi se murió, pero en cambio le horrorizó que la nariz de Pinocho creciera con las mentiras. Siempre dice la verdad.
Sigue avanzando, el clima no ha cambiando en lo absoluto: mismo calor. El tiempo ha transcurrido muy lento: tan solo doce minutos desde que salió de casa. El bosque sigue igualito: pinos medio desnudos. Por fin llega a un claro, el claro que estaba buscando. Desde hace una semana espera este momento. Busca una roca cercana en donde sentarse, se acomoda, saca un block de hojas blancas y un lápiz y sin quitar la mirada del suelo espera.
La superficie, que no es sólida sino más bien lodosa, empieza a burbujear. Primero en ciertos lugares, luego en su totalidad. Las burbujas empiezan a crecer y explotan dejando un agujero. Calma, no pasa nada. De pronto, de uno de los agujeros se asoma una tenaza muy larga y anaranjada. Después salen cuatro pares de patas, dos ojos negrísimos y otra tenaza mucho más pequeña que la anterior. Cangrejos violinistas, cientos, uno en cada agujero. El niño sonríe extasiado, dibuja lo mejor que puede sin dejar de prestar atención al más mínimo detalle.
Los cangrejos bailan, abren y cierran su tenaza más desarrollada haciendo un ruido castañeante, escupen burbujas y se van metiendo poco a poco en sus respectivas madrigueras. La superficie lodosa ahora está tranquila, no se mueve nada. Sobre ella, el dibujo de miles de patas, miles de trazos que dan vueltas y se entierran levantando tierra. El lodo queda hermosamente arañado.
El niño cierra su block, lo guarda en su bolsillo junto al lápiz y la mosca petrificada. Se amarra la trenza suelta de su zapato derecho y empieza el retorno a casa.